Duelo · Pérdida · Transición
El duelo no es debilidad. Es amor que no tiene a dónde ir
Perdemos personas. Pero también perdemos etapas, versiones de nosotros mismos, relaciones, trabajos, sueños, países, identidades. El duelo no tiene una forma única ni un tiempo establecido. Y a veces, lo que más necesita es un espacio donde pueda existir sin prisa y sin juicio.
Pedir llamada gratuitaUna imagen para entenderlo
El duelo se parece a las olas del mar. Al principio llegan muy seguidas y muy altas — no puedes respirar entre una y otra. Con el tiempo, el espacio entre olas se va haciendo más largo. Las olas no desaparecen: pero aprendes a moverte con ellas. No se trata de superar la pérdida. Se trata de aprender a llevarla.
«Las personas más hermosas que hemos conocido son aquellas que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha y la pérdida, y han encontrado su camino para salir de esas profundidades.»
— Elisabeth Kübler-Ross · La muerte: un amanecer
Cómo trabajo
Acompañamiento sin prisa
El duelo no sigue fases ordenadas ni tiene un calendario. Cada persona lo vive de forma única — con culpa, con rabia, con alivio, con vacío, a veces con todas esas cosas a la vez. Mi trabajo es acompañar ese proceso sin intentar acelerarlo ni suavizarlo artificialmente.
Trabajo también el duelo ambiguo — esas pérdidas que el entorno no reconoce como tales, pero que duelen igual: una ruptura, una amistad que se fue, una versión de ti que ya no existe.
- Pérdida de personas queridas
- Duelo no reconocido o ambiguo
- Rupturas y fin de relaciones significativas
- Pérdida de salud, trabajo o proyecto vital
- Duelo migratorio
¿Esto resuena contigo?
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